
Nutrición preventiva y genética: cómo tu ADN puede guiar tu alimentación
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30 de octubre de 2025Comé por estaciones: las frutas y verduras que fortalecen tu sistema inmune
Introducción: el poder oculto de lo que crece en cada estación
Cada fruta y verdura que aparece en el mercado tiene un motivo biológico: la naturaleza no improvisa. En verano, las frutas más jugosas nos hidratan; en invierno, las de colores intensos nos protegen del frío y las infecciones. Este equilibrio natural entre estaciones y salud es una forma ancestral —y científicamente comprobada— de fortalecer el sistema inmune.
En el Centro de Genética Jorge Dotto, miles de personas llegan cada año buscando respuestas a una pregunta clave: ¿por qué me enfermo con frecuencia si como bien? La respuesta muchas veces está en los genes, pero también en cómo elegimos los alimentos y cuándo los comemos
El Calendario Estacional de Frutas y Verduras se ha convertido en una herramienta esencial para guiarte en esa elección. Hoy vamos a ir un paso más allá: descubrir cómo los antioxidantes naturales de frutas y verduras estacionales ayudan a potenciar tus defensas… y cómo tu ADN puede marcar la diferencia.
Antioxidantes: los guardianes silenciosos de tu inmunidad
Cada día, tu cuerpo produce millones de radicales libres: moléculas inestables que dañan tus células. Los antioxidantes son sus contrapesos: neutralizan ese daño antes de que se transforme en inflamación crónica o envejecimiento prematuro.
Pero no todos metabolizamos los antioxidantes de la misma forma. Variantes genéticas en genes como SOD2, GPX1, CAT o GSTM1 pueden influir en tu capacidad natural para eliminar el exceso de radicales libres.
Tu sistema inmune puede estar funcionando al 70 % de su potencial sin que lo sepas.
Por eso, conocer tu perfil genético a través del Test Sistema Inmune permite personalizar tu nutrición antioxidante y fortalecer tus defensas desde adentro.
Frutas estacionales que estimulan tus defensas
Otoño: la estación de la vitamina C
Las mandarinas, naranjas y kiwis son mucho más que “vitamina C”. Contienen también flavonoides como la hesperidina y la quercetina, que mejoran la función de los linfocitos y modulan la inflamación.
🧬 Estudios recientes muestran que la combinación genética entre un buen metabolismo antioxidante y un alto consumo de cítricos potencia la capacidad protectora del plasma hasta un 30 %.
Invierno: raíces y colores intensos
Remolacha, zanahoria, calabaza y coliflor aportan betacarotenos, precursores de la vitamina A, fundamental para mantener las barreras inmunes de la piel y mucosas.
Si tu variante en BCO1 reduce la conversión de betacarotenos a vitamina A, podrías necesitar más cantidad o combinarla con grasas saludables como aceite de oliva o palta.
Primavera: depuración y equilibrio
Las frutillas, arándanos y espinacas son ricas en polifenoles, antocianinas y ácido elágico, compuestos con efectos antivirales y antiinflamatorios.
Estas moléculas estimulan la vía Nrf2, que activa genes antioxidantes endógenos y refuerza la respuesta inmune celular.
Verano: hidratación y regeneración
Sandía, melón, pepino y tomate aportan licopeno y citrulina. El licopeno reduce el estrés oxidativo en linfocitos y mejora la función de las células NK (natural killer).
Además, la citruilina mejora la vasodilatación y el flujo sanguíneo, clave para que los nutrientes y células inmunes lleguen a todo el cuerpo.
Tu genética define cómo aprovechás los antioxidantes
No todos procesamos igual los nutrientes. Algunas personas tienen variantes en GSTM1 que reducen la capacidad de detoxificación de metales pesados o pesticidas. Otras presentan mutaciones en GPX1 que disminuyen la eficacia del selenio, un mineral clave para la defensa antioxidante.
El Test Sistema Inmune del Centro de Genética Jorge Dotto analiza genes como:
- SOD2: defensa mitocondrial contra el estrés oxidativo.
- GSTM1 / GSTT1: detoxificación de xenobióticos.
- GPX1: metabolismo del selenio y función antioxidante.
- IL6: regulación de la inflamación.
- TNF: respuesta inflamatoria sistémica.
Conocer tu genotipo permite adaptar la dieta y elegir los antioxidantes que realmente necesitás —ni más ni menos— para alcanzar un equilibrio inmunológico óptimo.
Cómo combinar frutas y verduras para potenciar su efecto
Color + grasa saludable: combiná tomate (licopeno) con aceite de oliva o palta para mejorar la absorción.
Vitamina C + hierro vegetal: acompañá legumbres con pimientos o cítricos para mejorar la biodisponibilidad del hierro.
Crudo + cocido: alternar ambos formatos maximiza la diversidad de antioxidantes.
Hierbas frescas: perejil, albahaca y romero activan enzimas antioxidantes hepáticas.
Estos pequeños ajustes tienen un efecto multiplicador sobre la inmunidad. Son simples, cotidianos y, lo mejor, epigenéticos: influyen en la expresión de tus genes de defensa.
Vitaminas bajas, inflamación molecular y tus defensas
Cuando tu cuerpo funciona con déficit de micronutrientes —como vitamina D, C, A, E, B6, B9 (folato), B12, zinc, selenio o hierro— se activa un estado de inflamación molecular silenciosa que desgasta al sistema inmune. Esto no siempre se ve en los análisis de rutina, pero impacta en tu energía, en la frecuencia de infecciones, en la salud de la piel y las mucosas, y en la capacidad de recuperación después de una gripe, un entrenamiento o una semana de estrés.
¿Por qué pasa?
- Menos “combustible” inmunológico: las vitaminas y minerales son cofactores que activan las enzimas antioxidantes y las células de defensa.
- Más estrés oxidativo: cuando las reservas bajan, se acumulan radicales libres y se genera inflamación de bajo grado.
- Genes que modulan la respuesta: ciertas variantes genéticas pueden hacer que seas más sensible a estas deficiencias o que necesites más aporte de determinados micronutrientes.
- Señales de alerta frecuentes
- Resfríos o infecciones repetidas.
- Cansancio persistente o “niebla mental”.
- Piel seca, aftas, uñas o cabello frágiles.
- Dificultad para recuperarte después de un cuadro viral o físico intenso.
- Micronutrientes clave para tus defensas
- Vitamina D: regula citoquinas y linfocitos; niveles bajos se asocian a mayor susceptibilidad a infecciones.
- Vitamina C: potente antioxidante, fortalece la piel y mucosas.
- Vitamina A: mantiene la integridad de las barreras respiratorias e intestinales.
- Vitamina E: protege las membranas celulares del daño oxidativo.
- Complejo B (B6, B9, B12): participa en la síntesis de ADN, la maduración de células inmunes y el control de la homocisteína.
- Zinc y Selenio: esenciales para la activación de enzimas antioxidantes y la función de los linfocitos y células NK.
- Hierro: necesario para la oxigenación y proliferación celular.
- Cómo corregirlo sin sobredosificar
- Plato arcoíris por estación: frutas y verduras coloridas todos los días (aportan antioxidantes y folato natural).
- Proteínas de calidad: pescado, legumbres y huevos, junto con grasas saludables (palta, aceite de oliva, frutos secos) para absorber vitaminas liposolubles.
- Chequeo de laboratorio: vitamina D, B12, hierro, ferritina, zinc y selenio.
- Suplementación inteligente: solo si hace falta y en la forma correcta (por ejemplo, folato o metilfolato según tu genética), siempre con control profesional.
La epigenética de tus defensas
💡 Comer frutas y verduras por estación no solo aporta nutrientes, sino que modula la expresión de genes inmunes.
El consumo regular de polifenoles (como la quercetina o el resveratrol) activa rutas epigenéticas protectoras, como la acetilación de histonas y la metilación del ADN, que regulan genes de inflamación, apoptosis y reparación celular.
Por ejemplo, estudios recientes publicados en Aging Cell (2025) muestran que un patrón dietario rico en antioxidantes naturales mejora la llamada resiliencia inmune, una capacidad de respuesta que predice la longevidad.
Comer bien es una forma de prevención genética
🧡 Tu ADN puede predisponerte a inflamación crónica, pero tus decisiones diarias activan o silencian esos genes. Comer por estaciones, con variedad y colores, es una forma natural de modular tu sistema inmune.
Por eso, en el Centro de Genética Jorge Dotto analizamos tu perfil genético y te ayudamos a diseñar una nutrición personalizada según tus genes antioxidantes e inmunológicos.
Descubrí más sobre el Test Sistema Inmune y cómo puede ayudarte a prevenir enfermedades y mejorar tu calidad de vida.
Conclusión: fortalecé tu sistema inmune desde la raíz
✅ Tu sistema inmune no depende solo de vacunas o suplementos: depende también de lo que ponés en tu plato.
Cada estación te ofrece una oportunidad distinta para nutrir tus defensas de manera natural.
Y tu genética, a través del Test Sistema Inmune, te permite saber exactamente qué necesita tu cuerpo para alcanzar su máximo potencial.
📚 Referencias bibliográficas:
- Dotto, Jorge. DOTTO – Qué comemos. Buenos Aires: Planeta, 2023.
- Dotto, Jorge. DOTTO – Nutrición y genética. Buenos Aires: Siglo XXI, 2024.
- Niki, Etsuo. “Role of Antioxidants in the Immune System.” Antioxidants, vol. 9, no. 8, 2020, pp. 1–12.
- Gruver, Andrea L., et al. “Immunosenescence and Antioxidants: Mechanisms and Interventions.” Aging Cell, 2025.
- Calder, Philip C. “Nutrition, Immunity and Inflammation: An Update.” Nutrition Reviews, vol. 79, no. 1, 2021, pp. 1–20.
- Maggini, Silvia, et al. “Selected Vitamins and Trace Elements Support Immune Function by Strengthening Epithelial Barriers and Cellular Immunity.” Nutrients, vol. 10, no. 10, 2018, pp. 1933–1956.











