
El tipo de alimentación que más te beneficia según tu ADN
26 de diciembre de 2025¿Subís de peso sin explicación? Tu ADN puede estar detrás
“Hago todo bien y aun así aumento de peso”
Hay una frase que escuchamos todos los días en el Centro de Genética Jorge Dotto:
“No como mal, me cuido, hago ejercicio… y aun así subo de peso. ¿Qué está pasando?”
Para muchas personas, el aumento de peso no es consecuencia de decisiones “incorrectas”, ni de “falta de voluntad”, ni de “no hacer suficiente actividad física”.
El aumento de peso, la dificultad para sostener un plan de alimentación, la ansiedad por comer, el picoteo constante, la preferencia por lo dulce, la sensación de hambre permanente o la incapacidad de sentir saciedad… tienen bases biológicas profundas.
Y esa biología está escrita en tu ADN.
Hoy sabemos que existen distintos “fenotipos metabólicos”, y que cada uno responde de forma distinta a:
- los alimentos,
- los hidratos,
- las grasas,
- el estrés,
- el ejercicio,
- el sueño,
- el ambiente,
- y la inflamación.
Por eso, dos personas que comen igual pueden tener resultados completamente distintos.
No es esfuerzo. No es voluntad.
Es biología.
En esta nota vamos a recorrer:
- por qué algunas personas suben de peso más fácilmente,
- cómo influye la genética en el apetito y la saciedad,
- por qué ciertas personas sienten más deseo por lo dulce,
- por qué otros viven con hambre permanente,
- cómo el metabolismo de la glucosa define el aumento de peso,
- cómo la inflamación interfiere con el peso corporal,
- y cuál es la alimentación ideal según tu predisposición genética y metabólica.
El aumento de peso no empieza en la cocina: empieza en el cerebro
Uno de los descubrimientos más importantes de la nutrigenética moderna es que el aumento de peso no se define solamente por lo que comemos, sino por cómo nuestro cerebro:
- percibe el hambre,
- procesa la señal de saciedad,
- responde al estrés,
- regula la recompensa,
- interpreta los carbohidratos,
- controla el apetito emocional.
En varias vías estudiadas dentro del panel nutrigenético, se observa que algunas personas tienen:
- mayor sensación de hambre,
- menor sensación de saciedad,
- más atracción por lo dulce,
- más tendencia al picoteo,
- más impulso de comer bajo estrés,
- menor respuesta dopaminérgica a los alimentos, lo que lleva a buscar más comida para sentir satisfacción.
Esto no es psicológico.
Es neurobiología.
Cuando estas vías funcionan de manera distinta, la persona siente hambre real, no imaginaria.
Su cerebro literalmente interpreta la señal de forma más intensa.
Hambre biológica vs. hambre emocional: por qué algunas personas comen sin control
Hay dos tipos de hambre:
✔️ Hambre biológica (fisiológica)
Es la necesidad real de energía: el cuerpo pide comida.
✔️ Hambre emocional
Es la respuesta del cerebro a:
- estrés,
- ansiedad,
- frustración,
- cansancio,
- falta de sueño,
- inflamación,
- desregulación hormonal.
Lo que sabemos hoy es que ambas están influenciadas por la genética.
Personas con predisposición al hambre aumentada tienden a:
- comer más cantidad en una sentada,
- necesitar porciones mayores para sentirse satisfechas,
- sentirse ansiosas si intentan restringir,
- comer rápido,
- comer a escondidas por vergüenza,
- buscar comida aunque hayan comido hace poco.
Personas con predisposición al picoteo:
- buscan comida entre horas,
- sienten vacío o inquietud si no comen algo,
- no pueden dejar un paquete “por la mitad”,
- comen automáticamente, sin conciencia plena.
Personas con tendencia al deseo por lo dulce:
- sienten necesidad urgente de azúcar después de comer,
- buscan carbohidratos simples cuando están estresadas,
- sienten alivio inmediato al comer dulce… seguido de culpa.
Esto no es falta de autocontrol.
Es cómo funcionan los circuitos de hambre, recompensa y saciedad.
Saciedad: por qué algunas personas necesitan “más comida” para sentir lo mismo
El aumento de peso no depende solo de cuánto se come, sino de cuándo el cerebro recibe la señal de “ya es suficiente”.
Existen perfiles metabólicos en los que:
- la señal de saciedad llega más tarde,
- el cerebro “percibe” menos la presencia de nutrientes,
- el estómago envía señales menos intensas,
- la comida tarda más en generar satisfacción.
Resultado:
la persona come más, sin sentir que está comiendo más que los demás.
Esto es uno de los motivos más comunes de aumento de peso “sin explicación”.
Glucosa e insulina: el eje que más se altera en quienes aumentan de peso con facilidad
Cuando comemos hidratos, la glucosa en sangre sube.
El páncreas responde liberando insulina.
En algunas personas, esta respuesta es eficiente:
bajan la glucosa rápido, tienen buena energía, y no acumulan grasa abdominal.
En otras, la respuesta es más lenta o menos eficiente:
- hay picos más altos de glucosa,
- más demanda de insulina,
- más acumulación de grasa visceral,
- más inflamación,
- más cansancio,
- más hambre después de comer.
A esto se suma un dato clave:
las personas con respuesta glucémica más intensa suelen sentir deseo por dulce después de las comidas.
No es antojo. Es biología.
El aumento de peso en estos perfiles no se debe a “comer mucho”, sino a:
- cómo sube la glucosa,
- cómo baja,
- cuánta insulina necesitan,
- cuánta energía logran usar,
- cuánta energía queda almacenada como grasa.
















